¿Te suenan las jornadas de 32 horas? Puede que en las últimas semanas hayas oído hablar sobre este concepto con más fuerza. Y es que el Gobierno y Más País han llegado a un acuerdo para poner en marcha un programa piloto para hacer más corta la semana laboral.

Se trata de un programa para el que se destinarán 50 millones de euros con el objetivo de ayudar a las empresas que quieran implantar un nuevo calendario de trabajo: el de las 32 horas de trabajo semanales, o lo que vendría ser trabajar de lunes a jueves, en lugar de hacerlo (como suele ser habitual) de lunes a viernes, percibiendo el mismo salario que en la actualidad.

Se trata de una reducción del 20 % del tiempo máximo semanal que las personas dedicamos habitualmente al trabajo. Sus partidarios apoyan la jornada de 32 horas semanales porque consideran que es una formula con muchas ventajas, tanto económicas como sociales. Está el incremento de la productividad, el empleo, el gasto de los hogares, la conciliación familiar y laboral, la mejora del bienestar y la salud (física y mental) o incluso la reducción de la contaminación.

Distintas opiniones sobre las jornadas de 32 horas

Pero, ¿es esta la formula mágica para mejorar las cosas en nuestra empresa? Algunos economistas, como Gonzalo Bernardos, creen que no. En primer lugar, consideran que este no es el mejor momento para aplicar cambios de este calibre. Consideran, por otra parte, que el tiempo de trabajo es un problema secundario, que la medida puede provocar una contracción del empleo o que, al final, los empresarios terminen sustituyendo a los trabajadores por máquinas que hagan de una manera más eficiente su trabajo.

Sea como sea, esta es una fórmula a explorar y analizar, de la que hablaremos largo y tendido a continuación. Para ello, nos preguntamos… ¿es este un reto imposible? ¿Qué ventajas puede ofrecer a las empresas? ¿Qué tipo de dificultades nos encontraremos en su implementación?

jornadas laborales de 32 horas

El reto de implantar jornadas de 32 horas semanales en las empresas

Puede que la idea resulte seductora y que a muchos les parezca un solución perfecta para dar carpetazo a la batería de medidas para la conciliación laboral. Pero, alto ahí. Cualquier cambio importante que queramos hacer dentro de una empresa conlleva un cambio cultural. Y este tipo de cambios culturales no son inocuos: generan reacciones muy distintas en las personas que trabajan en la empresa, dependiendo de su edad, manera de ser, prioridades, intereses o incluso de culturas.

Y esto no es todo. Al cambio cultural hay que añadir otro desafío que no es menor. Hablamos de la gestión a nivel administrativo, que a pesar de no tener precedentes, sabemos que demanda de nosotros grandes movimientos en los procesos internos. Por si esto fuera poco, será preciso analizar la productividad, los salarios, las horas trabajadas… y hacer encajar las piezas del rompecabezas para que la nueva realidad sea aceptada y todas las personas de la organización sean capaces de adaptarse a ella.

Trabajar por objetivos, no por horas

Es una realidad que hay que tener muy presente. Nuestros equipos, metodologías de trabajo y cultura están configurados desde sus cimientos para trabajar por objetivos, no por horas. Ocurre así en muchísimos sectores (consultoría, programación, abogacía, arquitectura, etcétera), en los que es más fácil adaptar las actividades a jornadas laborales más cortas.

Dejar terminado un trabajo y conseguir unos objetivos no es, muchas veces, algo que pueda cuantificarse en tiempo. Es por eso que a la hora de hablar de tiempo debemos trabajar intensamente en el cambio cultural y administrativo siendo metódicos y basándonos siempre en datos.

Otro obstáculo o controversia a superar es la gestión de la nueva jornada sin la reducción de sueldo. Este es un asunto especialmente peliagudo para algunos sectores e industrias que tienen que trabajar 6 o 7 días a la semana, porque podrían sufrir un incremento de costes en un momento en el que la economía no se encuentra en su mejor momento.

Esto nos indica que lo más sano sería que este cambio cultural estuviera encabezado por aquellas empresas y sectores que puedan adaptarse mejor a la reducción de jornada sin tener que llevar a cabo reducciones de sueldo.

¿Qué ventajas pueden ofrecer las jornadas de 32 horas semanales?

Lo primero que hay que hacer es plantear a nuestro equipo un objetivo real, porque es cuando nos planteamos objetivos reales y los conseguimos que nos sentimos más felices. La primera ventaja que suena cuando mencionamos las jornadas de 32 horas semanales es la productividad. Y sí, creemos que después de un periodo de adaptación, este cambio puede redundar en un aumento de la productividad, pero también en la conciliación familiar y laboral de los empleados.

Conseguir que este tipo de jornada no impacte en el clima laboral debe ser una prioridad para las empresas que se decidan a implementarla. Será fundamental escuchar a la gente y conocer cuáles son sus obligaciones, intereses y estilos de vida para ser todo lo flexibles que necesitamos. También aportar soluciones que permitan a las personas avanzar en la transformación digital, ser más comunicativas y productivas.

En Woffu, por ejemplo, tenemos clientes que han aplicado la modalidad fully flexible en sus empresas. Esta flexibilidad total significa que las personas pueden trabajar en cualquier momento y desde cualquier lugar, mientras cumplan con sus obligaciones y no se excedan de las 40 horas semanales. En el caso de aplicar la reducción, de 32.

Ante todo, no hay que perder de vista que este cambio debe acompañarse de soluciones y métodos claros, que contribuyan a la transparencia y nos permitan dar pasos con sentido, flexibilidad y seguridad.

Laia Hernando

Escrita por Laia Hernando